jueves, 19 de marzo de 2015

"De la expropiación al fuego”


Víctor Ruiz.

Exactamente un año había transcurrido desde que Fabri y Matías habían desembarcado en Chicago, justo después de que lograron huir con el botín del último banco atracado en Buenos Aires, Argentina. Tal como lo habían planeado desde su llegada, en punto de las 12:00 horas de ese día harían estallar el edificio de Chicago Board of Trade en mil pedazos con toda la artillería acumulada en 365 días.

Fabri y Matías realizaron durante un año los diferentes oficios que suelen ser despreciados por los ciudadanos norteamericanos y que tienen una paga igual de despreciable e insultante. No es que ocuparan el dinero realmente, pero en un país que vigila cada movimiento, los suspiros y hasta los pensamientos, trataban de pasar desapercibidos en la medida de lo posible.    

Herederos de las ideas y prácticas revolucionarias de Boris Wladimirovich y Miguel Arcángel Roscigna en la Argentina durante la década de los 20´s, Fabri y Matías hicieron de la expropiación el medio para poder alcanzar sus fines. Ambos egresados de la Facultad de Historia, no pretendían vivir de un título universitario que no está por demás decir que detestaban y rechazaban.

Si este par de anarquistas argentinos accedieron a ingresar a una universidad no fue para obtener un prestigio en sociedad, sino para hacer del Estado su objeto de estudio y tratar de descubrir sus debilidades. Ya desde la adolescencia habían mostrado una negación a la autoridad de cualquier tipo, fuese divina o terrenal; pero los libros que tenían al alcance no les era suficiente para llegar a las respuestas que pretendían y en ese sentido, la biblioteca de la universidad les resultó beneficiosa.

En un inicio, los asaltos que realizaban a bancos y empresas eran esporádicos ya que la acumulación del dinero sin sentido alguno tampoco era de su interés. Los fondos eran utilizados para la publicación de escritos revolucionarios, cuentos libertarios y reedición de los clásicos textos anarquistas.

A diferencia de los expropiadores anarquistas de la década de los 20´s, Fabri y Matías tenían la ventaja de que después de los atracos que llevaban a cabo, difícilmente se sospechaba que detrás de la acción había una organización anarquista. El robo se había convertido en una práctica nacional y los grupos que la ejercían abundaban en Buenos Aires.

***
“La transformación de la comida en un medio de especulación financiera ya lleva más de veinte años. Pero nadie pareció notarlo demasiado hasta 2008. Ese año, la gran banca sufrió lo que muchos llamaron <<la tormenta perfecta>>: una crisis que afectó al mismo tiempo a las acciones, las hipotecas, el comercio internacional. Todo se caía: el dinero estaba a la intemperie, no encontraba refugio. Tras unos días de desconcierto muchos de esos capitales se guarecieron en la cueva que les pareció más amigable: la Bolsa de Chicago y sus materias primas. En 2003, las inversiones en commodities alimentarias importaban unos 13.000 millones de dólares; en 2008 llegaron a 317.000 millones- casi 25 veces más dinero, casi 25 veces más demanda-. Y los precios, por supuesto, se dispararon…

Ahora en la Bolsa de Chicago se negocia cada año una cantidad de trigo igual a cincuenta veces la producción mundial de trigo. Digo: aquí, cada grano de maíz que hay en el mundo se compra y se vende- ni se compra ni se vende, se simula- cincuenta veces. Dicho de otro modo: la especulación con el trigo mueve cincuenta veces más dinero que la producción de trigo…

En los países del Otro Mundo hay más de 2 mil millones de personas que gastan en comer entre 50 y 80 por ciento de lo que consiguen: un pequeño aumento de precio los condena al hambre…

Entre 2005 y 2008: Mil millones de hambrientos.”[1]

Fabri y Matías leían todas las noches, pero enterarse de lo que se podía imponer desde el Chicago Board of Trade los había llenado de rabia. La indignación compartida no les parecía suficiente y mostrar solidaridad con los millones de hambrientos-que además no saben que su hambre tiene causa y nombre- les parecía absurdo.

La expropiación giró en otro sentido desde ese momento. Comprometidos como eran con sus ideas, Fabri y Matías coincidieron en que el dinero expropiado tenía que ser utilizado para hacer que ardiera en llamas el Chicago Board of Trade. Fabri era consciente que el problema estructural no sería atacado con esta acción, pero Matías lo convenció que el fuego serviría para informar al Otro Mundo.

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A las 12:00 horas en punto un estruendo retumbó por todo el centro de Chicago. Los 200 metros del edificio fueron desvaneciéndose gradualmente y de la construcción que fue un orgullo en los Estados Unidos desde 1930, en cuestión de minutos quedó reducida a escombro. No más computadoras, no más decimales, no más cifras. Todo en cero.

Las sirenas se activaron inmediatamente y el caos ya reinaba en la ciudad. El fuego, el humo corriendo por las calles y la estimación del número víctimas alimentaban la confusión. Conseguir bombas en Estados Unidos es más sencillo de lo que parece, lo realmente inexplicable era entender cómo fue que se colocaron en puntos estratégicos dentro del edificio. Ya habría tiempo para respuestas.

Fabri y Matías observaban a lo lejos lo sucedido. Tranquilos, serenos y con una sonrisa no de burla, sino de satisfacción por haber cumplido, procuraban con la mirada cada detalle. No escaparon porque no estaba dentro del plan, al contrario, se entregaron a las fuerzas de seguridad. Ante la incredulidad de éstos, los anarquistas mostraron como evidencia los planos del edificio y cómo fue que introdujeron las bombas. Una hora más tarde, en cadena nacional, el presidente anunció que gracias a los cuerpos de inteligencia se pudo dar con los terroristas.

***

¿Es un acto terrorista fabricado por el Estado Islámico? ¿Cómo podemos saber que realmente ustedes fueron quienes llevaron a cabo esta atrocidad? ¿Por qué lo hicieron? ¿No pensaron en las víctimas? ¿Cuánto tiempo les llevó planearlo? ¿Es la segunda parte del acto terrorista de Septiembre del 2001? Fabri y Matías no respondían ningún cuestionamiento de la prensa. Con sonrisa irónica se limitaban a mostrarse ante los disparos de las cámaras.

Antes de ser retirados, Fabri fijó su mirada en una cámara y con una voz firme explicó: “No lo hicimos por nosotros. Alguien tenía que prenderle fuego a tanta especulación. Nuestros compañeros de todo el mundo, del Otro Mundo, merecían saber lo que se hacía en ese edificio. A los que agonizan de hambre les teníamos que explicar que su falta de alimentos no es una casualidad y tampoco una desgracia, sino que forma parte de un orden mundial. El Chicago Board of Trade ardió porque contribuía a la desigualdad alimentaria y a la desigualdad social que tanto detestamos. Ahora, podemos decir que estamos a mano”.




[1] Texto extraído de “El Hambre”, Martín Caparrós. Editorial Planeta. Año 2014

sábado, 19 de julio de 2014

“El periodista combativo”


Víctor Ruiz


¿Quién dijo que ser periodista combativo era fácil? Yo no soy periodista, pero me imagino esa ardua labor de contenerte a todo momento. Cuántas veces el periodista combativo  no resiste las ganas de escupir o mentarle la madre al político/funcionario en turno. Yo diría que a diario. Pero es así, el periodista combativo tiene que fingir cada mañana al llegar con sus colegas. Se trata de saludar y sonreír aparentando que perteneces al grupo. Nada de ideologías o planes guerrilleros, cualquier error podría levantar sospechas ante el colectivo. Dicho en otras palabras, se tiene que llevar una doble vida: por las mañanas aparentar que eres como ellos, pasar desapercibido mientras actúas que persigues la nota y hacer creer que nada te importa más en el mundo que escuchar la declaración del gobernador; por las noches, hablas de revolución, de sus pasos graduales y justificas el por qué a este sistema se le debe hundir (con todo y sus periodistas, claro está).

Pero hay una cosa todavía peor para el periodista combativo: las protestas. Nada le causa más frustración e impotencia que hallarse en medio de ambas partes. Ni con los policías ni con los inconformes. El periodista es tan gris que siempre pretende estar en medio de todo. Al final, lo único que consigue es estorbar  y generar informaciones distorsionadas a través de las frases más insulsas, antiguas y dañinas: “¡Un grupo de desadaptados sociales!”, “¡Pseudo estudiantes agredieron a la policía!”, “¡Otra vez los maestros secuestraron la ciudad!”. El periodista combativo, en cambio, sabe bien que su lugar no es en las plumas baratas, sino atrás de la barricada, justo donde las manos hacen de las piedras un mecanismo de defensa.

No suficiente con todo esto, el periodista combativo tiene que soportar ver a sus compañeros convertidos en auténticos héroes sociales, siempre dispuestos a ofrecer su caridad a los que menos tienen. Convencidos de que fueron elegidos por entes celestiales, los periodistas salen en busca de la tragedia para asegurarse que la miseria de los otros salga perfectamente a cuadro. Una lagrimita por acá, un poco de suciedad en el rostro del niño y de fondo una casa de cartón que con trabajos pueda sostenerse. Ahora sí: 3, 2, 1… ¡Estamos al aire! Claro que el efecto  caritativo solamente dura tres minutos, pues agregarle más tiempo a la nota resultaría cansado para el televidente.

Ya sé, ya sé, algunos de ustedes me dirá que los periodistas también defienden sus derechos, que inclusive han marchado gritando todos juntos “¡Sí a la libertad de expresión!”. Sólo hay un detalle que obviaron los tan comprometidos agentes de la información: antes que cualquier otra cosa, se debe velar por la libertad individual de pensamiento y de elección. Y a no ser que sean masoquistas, no creo que hayan optado gustosamente por los salarios bajos, los contratos (si es que los hay) eventuales, la ausencia de servicios de salud y vivienda, y por supuesto las excesivas horas de trabajo. Si no eligieron todo esto, seguramente la indignación está desviada.


El periodista combativo es una especie en extinción. Dicen que hace siglos, cuando las revoluciones vivían en las mentes y los corazones de las personas, había un grupo que combatía con las plumas y el papel. Esos personajes, cuentan, jamás se codeaban con el poder. Relatan, que muy al contrario de lo que sucede ahora, los periodistas combativos caminaban junto a los oprimidos. Nunca al frente y nunca atrás. Siempre a un costado, tal como lo dicta la buena amiga llamada “Solidaridad”.

viernes, 28 de marzo de 2014

"Diario de una huelga"

Víctor Ruiz.




Nunca había sido tan sencillo cruzar la avenida Francisco J. Múgica. No hay murmullos ni pasos acelerados. Las combis de la ruta amarilla están en fila, pero ahora no tienen prisa en que les den salida. Van solamente dos días de huelga en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), pero para ellos ha sido toda una eternidad.


"¡Uy!, nosotros vivimos de ellos", me dice el checador de combis. No se mira triste ni tampoco se lo toma con humor, es simple y mera resignación. "Todo Morelia ha de estar igual", comenta como una forma de autoconsuelo.


Y es que parar las actividades dentro de Ciudad Universitaria es también condenar a los de afuera, a los que cuando llegan a sentir la ausencia de estudiantes, también visualizan las mínimas ganancias en el día.


¿Qué tanto ha disminuido sus ventas?, le pregunto a los encargados del local de copias, ese que se encuentra enfrente de CU y que casi nunca se ve solo. "Pues...todo" me responde mientras ríe nerviosamente y se dedica a mirar el televisor.


Ante el aburrimiento, todos han decidido invertir el tiempo en lo que casi nunca hacen. Por allá, a lo lejos, se le mira al chofer de combi leyendo de pies a cabeza el periódico. Va en la sección de economía y se está reservando las policíacas para cuando queden escasos minutos de la jornada laboral. Del otro lado, el camionero de la ruta "Panteón", por fin se decidió a lavar ese motor que está más negro que la noche, y que seguramente ni en cinco huelgas terminaría de limpiar.


"¡Todo está muerto!", me comenta mientras a la par corta la fruta. Lo hace en pequeñas proporciones y ni siquiera tiene todos los ingredientes que acostumbra. Se dedica a la venta de gazpachos y asegura que es de las consentidas de los estudiantes, pero hoy, me dice, no tiene sentido desperdiciar la fruta.


No salen las cuentas. Las arcas de la universidad están paralizadas, tampoco hay ganancias para los comerciantes que normalmente se encuentran dentro de la universidad, ni para los cumbieros que gritan más por compromiso: "¡La 04 para el centro!". La huelga afecta a propios y extraños.


Los taxistas no figuran. Las máquinas copiadoras descansaron. El refrigerador del bar está en su nivel más bajo. Al local de las tortas, por primera vez le sobra milanesa a eso de la una de la tarde. Las cubetas de los lavacoches no tienen agua. Hoy... no salen las cuentas.


"¡Sale, chulo!", le grita el checador al de la unidad 54. El chofer mira con fastidio y no le queda de otra que acelerar. Lo hace despacio, como si bajando la velocidad fuesen aparecer los pasajeros de la nada. Pero no, se encamina hacia la calle Cuautla sin un solo pasajero. La gasolina está muy cara y hoy, en el diario de una huelga, no salen las cuentas para nadie.

martes, 4 de marzo de 2014

“Primer día de trabajo”

Víctor Ruiz.

Fotografía: Walter Carvalho


Ese martes, por fin, Manuel iba a matar a alguien. Cumplió 12 años y oficialmente ya podía debutar como sicario profesional. Lleva en la espalda su R15 y desde hoy, tendrá que poner en práctica lo que aprendió desde los 8 años.

Desde que tiene memoria, su padre le dijo que aquí, en el campo, no había ninguna oportunidad. Le advirtió, desde temprana edad, que a la escuela no iba a poder ir. Manuel no sabe leer ni escribir, pero ahora maneja las armas como si fuera un militar consolidado.

A su padre ya lo mataron hace tiempo, pero Manuel nunca claudicó, siempre supo que tenía/debía seguir el mismo camino, pues aquí en el pueblo no hay otra forma de vivir.

Su madre no se opone, es más, ve en Manuel la figura del hombre de la casa. Ahora tiene la responsabilidad de velar por ella y sus dos hermanos, ambos más chicos. Cuando era más pequeño, Manuel solía escuchar por horas los sonidos de la naturaleza. Siempre decía que él quería ser músico. A papá le pidió en más de una ocasión una guitarra, pero la respuesta siempre fue un “no”. Olvídate de ello, le decía cruelmente sin mirarlo, “que no ves que no tenemos ni para comer” remataba para eliminar cualquier mínima ilusión.

Al entrar al cartel del crimen organizado, Manuel recibió lecciones de frialdad. No mirar, no escuchar, no sentir y no llorar. Estos principios le fueron repetidos cada día de su vida. Le estaba totalmente prohibido mostrar lástima o empatía con alguien. “Son signos de debilidad”, le decían.

Los entrenamientos comenzaban a eso de las 6 de la mañana y terminaban cerca de la media noche. En un principio, Manuel solamente se dedicaba a observar. No perdía nunca detalle de nada y siempre mostró más avance que sus compañeros, quien sabe si por gusto o porque sentía la necesidad de tener una vida diferente.

Era un tipo callado, tímido y misterioso. Sus compañeros sabían muy pocas cosas de él. No tenía amigos y tampoco estaba interesado en hacerlos. Los ratos libres los utilizaba para practicar, y si no lograba la perfección, se reprochaba a él mismo.

La primera vez que agarró un arma no experimentó miedo, pero tampoco satisfacción. Simplemente jaló el gatillo y comenzó a disparar al aire libre. Desde ese momento, se convirtió en el favorito de los jefes. “Tienes potencial” le decían a cada rato.

Por momentos, Manuel recordaba su gusto por la música, sobre todo en las pocas festividades que realizaban en el pueblo. Un día se atrevió a imaginar cómo sería su vida si hubiese logrado tener esa guitarra; pero la fantasía sólo le duró unos segundos. Hacía mucho tiempo que Manuel reprimía sus sentimientos. Era un robot de carne y hueso.

Por las tardes, el comando dedicaba a enseñar a los niños cómo escapar de los militares. “La mayoría de ellos están coludidos con nosotros o comprados, pero no sobran las medidas de prevención” instruían a los chicos que tomaban apuntes.

Con el tiempo, Manuel se enteró que ellos y los militares no eran tan diferentes. Ambos mataban a sangre fría, sólo que cada quien cuidaba sus propios intereses. A esta altura no se cuestionaba o no discernía entre lo bueno y lo malo. La conciencia pasó a ser una palabra más y la moral se perdió entre la tortura, la sangre y todo aquello que sus retinas no pudieron borrar.

Hoy Manuel comienza su carrera profesional. No se le nota nervioso ni preocupado. Está ansioso porque sabe que a partir de hoy la paga mejorará. La cita es a la media noche, justo cuando se cree que llega la calma. Arribará a la parte alta de la montaña, ahí lo mirará a los ojos sin preguntar nada y no se asegurará de saber si es culpable o inocente. Apuntará sin prisa, directamente a la frente. Jalará el gatillo y su trabajo estará completo. A partir de hoy, el único sonido que escuchará Manuel, es el del silbido de las balas.

sábado, 18 de enero de 2014

“Dicen que en el sur…”





Víctor Ruiz.


 “…Sueña Antonio con que la tierra que trabaja le
pertenece, sueña que su sudor es pagado con
justicia y verdad, sueña que hay escuela para curar
la ignorancia y medicina para espantar la muerte,
sueña que su casa se ilumina y su mesa se llena…
Sueña que debe luchar para tener ese sueño,
sueña que debe haber muerto para que haya vida.
Sueña Antonio y despierta… ahora sabe qué
hacer y ve a su mujer en cuclillas atizar el fogón,
oye a su hijo llorar, mira el sol saludando al oriente,
y afila su machete mientras sonríe. Un viento se levanta
y todo lo revuelve, él se levanta y camina a encontrarse
con otros. Algo le ha dicho que su deseo es deseo de muchos
y va a buscarlos… Ya llega la hora de despertar”. 

***
-¡Uy!, eso fue hace 20 años- me dice el taxista cuando le pido que me lleve al CIDECI. Estoy en San Cristóbal de las Casas y me dirijo a la escuelita zapatista.

-¿Y cómo fue ese día?- le pregunto para que no se quede con las ganas de contar la historia.

-Nadie lo esperábamos. Bajaron y destruyeron el IMSS, en palacio municipal los policías se escondieron y quemaron todos los archivos que había en las oficinas. Eso sí, con los civiles no se metían.

-¿Y Marcos?

-Ahí lo conocimos. Era un tipo muy serio pero muy concreto a la hora de hablar.

-¿Qué pasó en Ocosingo?- agrego la pregunta para comprobar que el taxista sabe la cronología de principio a fin.

-Ahí se escucharon las primeras balas. Hubo muchos muertos, dicen que tractores recogían a los cuerpos para depositarlos en fosas. ¡Imagínate! Murió gente que no tenía nada que ver con los zapatistas. Los militares dispararon a quien fuera. Ésa es la diferencia: el gobierno tira contra todos, los zapatistas no.

***
El camino está lleno de curvas y neblina entre montañas. Se recorren tantos pueblos que se pierde la cuenta, de repente parece que esto es interminable hasta que pasan más de siete horas y por fin se lee el ya tan famoso letrero de bienvenida: “Está usted entrando a territorio zapatista. Aquí manda el pueblo y el gobierno obedece”.

Es el caracol Roberto Barrios, el quinto, “El que habla para todos”. No es el más sonado, tampoco es muy mencionado y por supuesto no es el que tiene los mayores avances dentro de la organización; pero desde el norte de Chiapas, sigue resistiendo y creciendo, así, como la fórmula lo indica.

-Compas, por aquí el registro- nos recibe un encapuchado mientras nos lleva a la mesa donde firmaremos nuestro ingreso.

Desde ese momento y hasta el último día, la palabra compa fue una constante. Todos éramos compas. Los niños aprendían primero a identificar al compa antes que a decir “mamá”.
Entre muros donde figuran las imágenes del Sub Marcos, Fidel Castro y el Che Guevara, los guardianes o votán, esperan atentos a que les designen un alumno, un compa que cuidarán por una semana.

-Tu guardián es el compa “Famoso”- me indican y veo acercarse a un sujeto regordete de no más de 1.60 de estatura.

-Mucho gusto- le digo mientras estiro la mano, pero me deja con el brazo extendido y me da un abrazo como si fuera un pariente al que tiene muchos años sin ver. – ¡Bienvenido, compa!- me dice y, desde ese momento, no se separa de mí.

Tenemos que esperar un lapso para poder partir al pueblo designado. El compa Famoso en ese tiempo me habla de sus conocimientos de la tierra, de las cosas que se producen en su pueblo y de los fertilizantes que ellos mismos crean.

-¿Y en tu tierra qué se produce?- me pregunta ignorando totalmente qué es y dónde está Morelia, Michoacán.

Lo moralmente correcto sería haber dicho la verdad: producimos miseria, egoísmo, carteles de droga, violencia, bombas y represión. –Nada. Las tierras no son muy buenas- opté por mentir.

Por fin, después de una hora, nos llaman para abordar de nuevo la camioneta. El destino es el pueblo Rumania, cuenta con aproximadamente mil habitantes y pertenece al municipio de El Trabajo. Tiempo estimado de viaje: 40 minutos. Condiciones: frío, lluvia, curvas, neblina y mucha… demasiada noche.

***
Son indígenas choles. Descienden de la cultura maya y se les mira resistiendo los embates de la globalización por los Altos de Chiapas, en Tabasco y Guatemala. Ya esperaban nuestra llegada y nos han recibido con litros de café, arroz, frijol y tortillas de maíz. Todo producido por ellos mismos. Antes de macharnos los alumnos con nuestras respectivas familias, nos han ofrecido una cena en colectivo a la que le prosiguió el lavado de trastes de la misma forma. Un gran lavadero para que cada quien enjabonara y tallara lo que ensució. El zapatismo se ha propuesto erradicar el machismo desde sus inicios y la mejoría es apreciable en un simple detalle: aquí la mujer ya no tiene la obligación de pasar horas entre montañas de platos.

La ley Revolucionaria de Mujeres consta de diez puntos con una propuesta de ampliación a 33  más. Ha sido implementada en los cinco caracoles zapatistas y destacan incisos como el que permite a la mujer involucrarse en la organización política del movimiento, el derecho a trabajar, a decidir el número de hijos que desea tener (si es que quiere alguno), la libertad de elegir la pareja que más le convenza, entre otros. Cualquiera, en otra geografía y calendario, pensaría que estos acuerdos no tienen nada de extraordinario, pero en lugares donde antes la mujer no podía/debía levantar la mirada, son avances absolutos del reivindicamiento de su posición en un sistema patriarcal.

-¿Le ayudo con su maleta, compa?- me pregunta el compa Mauricio mientras vamos cuesta arriba.

Mauricio inspira confianza desde el primer momento. Su mirada no contiene malicia, sonríe no por compromiso, cada gesto suyo denota sinceridad. Es el padre de Domingo de 8 años, Ana de 5 y Lucio de 3. A un costado camina Anabel, su compañera de vida.

Anabel es toda amabilidad, no rebasa los 35 años y, junto a Mauricio, hacen una pareja envidiable.  

-No, yo la llevo- contesto más por pena que por las ganas de seguir cargando la estorbosa maleta.

Después de esquivar piedras y charcos, llegamos a la casa que se encuentra en la parte alta del pueblo. Ahí ya nos esperaba Paula, la madre del compa Mauricio y fundadora de Rumania hace aproximadamente unos 70 años. Se le mira fuerte, camina descalza y sus signos de vejez en el rostro en nada se parecen a la juventud de su espíritu. No habla español, pero me sonríe cada que puede.

La casa consta de un cuarto único y amplio; no tiene muebles, pero sí mucho espacio para que los niños jueguen todo el día. Por fuera y, al aire libre, está la cocina, casi enseguida se ve la parcela de Mauricio donde produce los alimentos de cada día y muy al fondo de las hierbas se encuentra la letrina.

-¿Traes en qué dormir?- pregunta Mauricio mientras acomoda las colchas en el suelo y Famoso ronca ya encima de su hamaca.

-No, sólo una cobija- respondí preocupado ante el temor de posiblemente dormir sentado.

-Vente para acá- dijo a la vez que me hacía un espacio.

Esa noche dormí junto a seis personas. En colectivo, como había sido desde un principio.

***
-¿En qué se nota más el avance dentro de las comunidades zapatistas?- le tomo por sorpresa con la pregunta al compa Mauricio que recién llega de cortar leña.

-En la educación…- hace una pausa para pensar bien la respuesta y después prosigue- Antes los niños tenían una calificación alta pero no aprendían nada, y ahora que nosotros estamos en resistencia, pues no dependemos del gobierno;  existen promotores de educación que se preparan aquí mismo y son los que enseñan a los niños.

Las escuelas autónomas zapatistas comenzaron desde 1996, en el caracol Oventik, que es la zona más avanzada dentro de las comunidades. Lejos de los programas oficiales de la Secretaría de Educación Pública, han implementado un sistema de estudio donde se han erradicado las calificaciones y los exámenes.

Domingo es el único hijo de Mauricio y Anabel que por ahora va a la escuela. Me cuenta que las materias que lleva son “Lenguas”, “Historia”, “Matemáticas”, “Vida y medio ambiente” e “Integración”, en ésta última se les habla a los niños sobre las 13 demandas de los pueblos zapatistas: techo, tierra, trabajo, salud, alimentación, educación, independencia, democracia, libertad, justicia, cultura, información y paz.

Son tres niveles los que conforman el curso primario y no se tiene un límite de tiempo en cada uno. Se ingresa al siguiente nivel hasta que los promotores de educación están seguros de que los niños han adquirido los conocimientos para poder llevarlos a la práctica.

Lejos de pensar que la organización zapatista va perdiendo fuerza, el compa Mauricio asegura que es al revés. Su pensar tiene validez. En las comunidades indígenas donde se ha logrado que los mayores tomaran conciencia de que el camino es la solidaridad y la forma de organizarse tiene que ser de manera horizontal, los niños que van siendo educados bajo estos valores, tomarán las riendas del movimiento en un  futuro con una mayor preparación intelectual y moral de la que existe ahora. La explicación es sencilla: mientras la opinión pública señala al zapatismo de silenciosos, ellos responden trabajando.

-¿Cómo te imaginas todo esto en diez años?- le cuestiono a Mauricio, quien ve jugar a sus tres niños en el amplio cuarto.

-Pues…imagino a mis hijos gobernándose a ellos mismos- responde con un toque de orgullo.

***
De geografías y calendarios

No figura el 6 de enero. Domingo, Ana y Lucio no mencionan algo al respecto. No les interesa y piensan el día como uno más de juegos. Ana infla y desinfla un globo rojo. Jamás le hace un amarre porque se correría el riesgo de que reviente. Domingo pastorea durante el día, pero por la tarde se da el lujo de jugar con un balón ponchado de los Pumas; mientras que Lucio se cuelga una mochila en las espaldas y juega a ser un gran escalador de montañas. En esta geografía y calendario, Mauricio y Anabel no se les nota preocupados por conseguir juguetes, tampoco se sienten decepcionados o tristes por haber incumplido al convencionalismo católico y nacional.

-Si quisiera alguien de fuera venir a vivir aquí, ¿lo aceptarían?- dirijo la pregunta a Famoso y Mauricio, quienes se muestran preocupados de que no me quede con una sola duda.

-¡Uy!...¡No!- responde tajantemente Famoso.

-Lo que pasa es que sería muy difícil, no lo entenderían. Vendrían de otros lados, de comodidades diferentes… solamente entrarían a sufrir. – complementa Mauricio.

-Esto no es un arma de juego, es un arma de resistencia- finaliza contundentemente Famoso.

En esta geografía y calendario no importa nada tu posición económica. Aquí no se sabe de los avances tecnológicos, ni de celulares y mucho menos de la variedad de marcas para vestir. Piensan y se preocupan por vivir. Hablan de las tierras, cuentan anécdotas, ríen, cantan a capela, juegan y duermen temprano para levantarse a las seis de la mañana.

Desde hace 20 años o más, viven bajo los conceptos de dignidad, justicia, libertad, igualdad, autonomía y resistencia. Son palabras llevadas a la vida diaria. En esta geografía y calendario han aumentado el nivel de vida, ése que nada tiene que ver con tener o consumir más.

Un camino nuevo, una aventura es la que han creado, una donde el salvaje capitalismo no tiene derecho de acceso. Y nosotros, que somos de otras geografías y calendarios, fuimos recibidos como unos compas más. Nos hemos mirado y reconocido mutuamente. Ahora sabemos que todo es posible.

***
Los tres litros de pozol que ha preparado la compa Anabel se alistan para refrescarnos en el andar hacia los colectivos. –Vamos a caminar mucho- me ha advertido.

El criadero de puercos, la tienda de abarrotes, la milpa y la panadería son las actividades grupales que tiene el pueblo de Rumania. Colaboran todos y todas. Las ganancias estrictamente supervisadas son en beneficio de cada uno de los zapatistas.

Mauricio cuenta con criaderos de guajolotes y cerdos, además de su parcela donde produce maíz, frijol y cebollas. Aparentemente no tendría necesidad de aportar su mano de obra a las actividades colectivas, pero sus acciones solamente se pueden explicar bajo las normas de eso que llaman solidaridad.

En un pueblo donde un sector ha sido tentado por las migajas gubernamentales o partidistas, los colectivos simbolizan la resistencia económica que el capital no ha podido derribar. “Cuando un pueblo está unido y organizado no hay nada que lo pueda exterminar”, había dicho en algún momento el compa Famoso, que repetía en diferentes ocasiones que la autonomía es el único camino que tenemos.

Los senderos, dentro de la montaña, van desde ríos, puentes de piedra, subidas prolongadas y bajadas peligrosas. Todo esto se acompaña de la vegetación tan característica del estado de Chiapas. Las casas tienen techos de palmeras y según cuenta Mauricio, llegan a durar hasta diez años si están bien acomodadas. El contacto con la naturaleza y la vida es parte fundamental de la cultura indígena. Todos los paisajes son propios de aquellas novelas de utopía, sólo que aquí más reales.

-No te vayas a caer- me advierte Famoso a cada tramo resbaloso por la lluvia.

No hay un solo pedazo que esté pavimentado. Si hace 20 años el progreso en los servicios básicos era nulo, ahora resultaría impensable siendo zapatistas. Pero no les preocupa, en realidad no aceptarían ningún ofrecimiento del gobierno federal o estatal.

Criadero de puercos
“El criadero colectivo de puercos nos deja un buen recurso porque cuando ya están grandes se venden a buen precio. Las y los compañeros trabajan para mantenerlo y cuidar a los animales, luego nos vamos alternando esta función para que a todos nos toque en algún momento hacernos responsables”. (Compañeros y compañeras responsables del criadero)

Tienda de abarrotes
“Tenemos muy poco productos, en la semana se logra juntar poco dinerito y a veces no alcanza para surtir de nuevo la tienda, pero la cosa no es desanimarse. Vienen las autoridades locales para verificar las cuentas y este dinero es para el pueblo. Por ejemplo sirve para apoyar con pasajes a los compas que tienen que ir al caracol a hacer un servicio. Si vamos a hacer un convivio festejando el aniversario zapatista, también el fondo sirve para eso. Sí hubo mucha gente que se desanimó y dejó de ayudar, pero es porque no entendieron que es poco a poco.” (Compañeras encargadas de administrar la tienda)

Almacén de maíz
“Tomamos un acuerdo las bases de apoyo. Los trabajos que hacen los compas en la milpa son para cualquier necesidad de la organización, los apoyamos con maíz, o si ocupamos recursos, vendemos el producto. Si los compas no tienen que comer por alguna circunstancia, se les apoya”.

“El colectivo de maíz es sobre todo para nuestro consumo. Para trabajar esto no hay una parcela fija, sino que se van rolando los espacios. Un día el compa presta su espacio, más adelante otro y así. Ya hay reuniones para establecer la milpa definitiva colectiva”.  

“A veces hacemos frijol, nada más que ahorita no se ha podido por los malos tiempos. Tenemos que esperar unos meses para la siembra”. (Compañeros encargados de la siembra y recolección de maíz)

Panadería

“En el año 2000 las compañeras recibieron un curso para aprender a hacer pan de parte de una compa que venía de San Cristóbal de las Casas. Hay dos mujeres principalmente que empezaron a practicar cómo y qué tipo de pan hacer y luego ellas le enseñaron a una más. El siguiente problema era que no tenían dónde hornear el pan y no fue hasta el 2003 que hicimos un pequeño horno con nuestro propio dinero. Desde entonces ya están echándole ganas, juntando los recursos. Ahora ya estamos pensando en hacer un nuevo horno porque el que tenemos ya está muy desgastado”. (Compañeras encargadas de la panadería)

***
-Compa, ¿sabes dónde venden pipas para fumar tabaco?- me pregunta Famoso en una de esas tardes en que nos dedicábamos a observar la montaña.

-No. ¿En San Cristóbal no hay?- respondí por responder algo.

-Es que vi a un alumno en el caracol que traía su pipa con su bolsota de tabaco- dijo mientras me representaba con sus manos el tamaño de la bolsa.

-Ya lo imaginé con todas sus letras…Subcomandante Famoso

-Ja ja ja- Famoso ríe con un tono que deja ver que la idea no le desagrada para nada.

Cualquier tema relacionado con el Subcomandante Marcos, las milicias zapatistas y el Comité Clandestino Revolucionario Indígena es intrínsecamente secreto dentro de la organización. La realidad es que Famoso y muchos zapatistas no pueden ocultar su admiración por Marcos. 

Contrario a lo que marca la tradición revolucionaria, el Subcomandante no tuvo que morir para llegar a ser una marca comercial. Su rostro encapuchado se vende en todas partes por San Cristóbal de las Casas.

-El gobierno metió a 60 mil militares en el 95 para tratar de encontrar a Marcos y no pudieron; ahora usan las mentiras para aniquilarlo- fue lo único que pude escuchar de parte de Famoso respecto al subcomandante.

En tierras zapatistas no tiene fuerza aquello de que “una mentira repetida mil veces se convierte en verdad”. –Quisieron acabar con nosotros primero con paramilitares y después inventando cosas- recordó Famoso al comenzar a contar la historia de su encierro, cuando estuvo preso por allá en el año 97:

-Yo estaba vendiendo puercos y de repente me llegaron por la espalda. Y así, sin más, me subieron a una camioneta y me dijeron: “Te vamos a llevar con tu padre Samuel Ruiz”. Pero nunca llegamos a la iglesia, sino al cuartel militar. De ahí a prisión y a estar encerrado por seis meses. Nunca me comprobaron nada.

Famoso cuenta la historia pero sin amargura ni coraje, lo hace con alegría, como si fuera un buen recuerdo o algo que le hiciera sentir orgulloso.

-Me acusaban de aportación de armas, de asesinato, violación, secuestro, abigeato…de ser zapatista, pues. Al final pude salir por la presión de los compañeros en la ciudad. Los que me acusaban decían que me vieron con el pasamontañas. ¿Cómo puedes identificar a alguien con capucha?

Famoso recuerda el alzamiento del 1 de enero del 94 como una paradoja: “Unas horas antes Salinas había dicho que en México no existía pobreza…al amanecer San Cristóbal se llenó de pobres”.

-¿Hubo muchos presos zapatistas?

-¡Uhhh! Se llenó la cárcel.

La intimidación o el pensar en claudicar nunca fueron opción. Famoso asegura que antes del levantamiento zapatista las condiciones eran de absoluta miseria. “Todo estaba jodido” repite constantemente. No había nada que perder y todo por ganar.

Para evitar las trampas de la corrupción y hacer que funcione la autonomía, los zapatistas crearon en el año 2003 las Juntas de Buen Gobierno, donde las autoridades elegidas tienen una gestión de tres años. La elección es por asamblea y no se despilfarra el dinero en campañas electorales, los pueblos eligen a los representantes de frente y continuamente hay reuniones para que los habitantes de las comunidades vigilen qué se hace con el dinero o hacia dónde quieren destinarlo. Este tipo de organización se lleva a cabo también en los municipios y en los pueblos. Es la mejor forma que han encontrado de emplear la democracia participativa, de lo que llaman “mandar obedeciendo”.

Mauricio actualmente es secretario general de su pueblo, los habitantes de Rumania lo han elegido.

-Y si no hubieras querido aceptar el encargo,  Mauricio. ¿Qué hubiera pasado?

-¿Y por qué razón no iba querer ayudar a que esto siga creciendo?- me pregunta Mauricio y, hasta ahora, no sé todavía qué responder.

***
Ya se mira el horizonte/ combatiente zapatista/ el camino marcará/ a los que vienen atrás/ Vamos, vamos, vamos, vamos adelante/ para que salgamos en la lucha avante.

Nos hemos reunido todos en la casa de un compa. Es el último día y nadie quiere partir. La sensación es la de querer meter la revolución en una maleta para llevarla a las grandes ciudades y, así, poder mostrar que existen caminos diferentes, mejores. La adaptación ya es completa: cenamos juntos, reímos juntos, lavamos platos juntos y también dormimos juntos en un mismo suelo.

Hombres, niños y mujeres/ el esfuerzo siempre haremos/ campesinos, los obreros/ todos juntos con el pueblo.

Los mensajes finales han sido dichos en español y chol. Uno a uno expresó su sentir sobre lo que habían sido los días y las noches. Nadie quedó sin hablar ni ser escuchado. Cada opinión es tomada en cuenta, valorada y aplaudida:

“Una cosa es mirar las cosas de fuera y una muy diferente tenerlas aquí enfrente”.

“Gracias por dejarnos conocerlos”.

“Gracias por tomarse el tiempo de venir y estar aquí”.

“Esto me motiva, aún más, para ser autosustentable”.

“Perdonen si se enfermaron o las comidas les hicieron daño”.

“Perdonen todas las molestias que les ocasioné”.

“En estos días aprendí mucho, pero sobre todo, sentí”.

Nuestro pueblo dice ya/ acabar la explotación/nuestra historia exige ya/lucha de liberación.

La salida ha sido como la llegada: con lluvia, frío y esperanza. El aprendizaje es convencerse que las luchas valen la pena cuando en ellas se encuentra la dignidad arrebatada. La promesa es ser zapatista en cualquier parte, sin importar el calendario o la geografía de cada uno.
A bordo de una camioneta y, después de múltiples despedidas, los vemos alejarse poco a poco. Ahí se quedan, mirándonos. Como siempre seguirán resistiendo, no sólo contra los ataques del Estado, sino contra el olvido que les quieren imponer la clase política incluyendo  la “izquierda” bien portada, el periodismo burocrático que quiere  archivar su historia y los intelectuales acomodados que llenan de palabras vacías a la opinión pública. Pero ellos ahí están. Resistiendo y soñando. Siguiendo al pie de la letra aquello que decía el viejo Antonio:


“Cuando se sueña hay que ver la estrella allá arriba, pero cuando se lucha hay que ver la mano que señala la estrella. Eso es vivir. Un continuo sube y baja de la mirada”.

sábado, 21 de diciembre de 2013

CANCIONES ESPAÑOLAS EN GRANADA

VÍCTOR RUIZ


A la memoria de Joe Strummer.

“Yo no quiero ir a donde van los ricos/ yo no quiero oír nada sobre lo que hacen los ricos/ piensan que son muy inteligentes/ piensan que tienen toda la razón/ pero la verdad sólo es conocida por los marginados.” (The Clash- Garageland)

I
Primer contacto

Es verdad. Cuando Julián escuchó a los Clash por primera vez, allá, cuando tenía 16 años, no representó gran cosa. Fue el homónimo, el disco debut en 1977. Repasó los temas una sola vez porque ninguno le despertó curiosidad y, no sobra decir, que a partir de la tercera canción no prestó mayor atención. Julián tenía 16 años y su vida no era igual a la de los demás chicos de su edad. Le gustaba el rock y eso es suficiente para empezar a marcar línea con la sociedad. En la escuela no destacaba por calificaciones y mucho menos por popularidad, pero el panorama no le afligía en ningún sentido. En su casa se le comenzó a acusar de rebelde -ya fuera por la desalineada cabellera o la vestimenta- y la palabra más que atrofiarlo, lo hacía sentir orgulloso aunque no terminara de entenderla. –Ya madurarás- , repetía la madre en voz alta a cada rabieta que Julián le provocaba; pero la madurez, al menos en ese sentido que se le exigía, nunca llegó.

La pasión por la música lo hizo conocer  a cientos de grupos, mientras a la par, fue descubriendo el mundo de los libros. Todo esto significó una explosión en su cabeza que lo marcaría para siempre. Julián se entendía  como parte de una minoría clandestina, tan así, que le era difícil encontrar a alguien para interactuar y expresar lo que su cerebro y espíritu querían decir. Fue en ese camino donde Julián encontró demasiadas preguntas sin respuestas claras. Iba y venía del rock a la literatura, como si éstos fueran bolas de cristal que pudieran aclararle la visibilidad.

Dudaba de todo lo que escuchaba. En la escuela le hablaban de cosas que él no conocía, y no porque no supiera el significado de las palabras, sino por el sencillo hecho de que en el mundo real no se veía nada de ello. No entendía cómo el sistema democrático de su país amordazaba a los ciudadanos para que no tuvieran voz ni participación; recriminaba el egoísmo individual que imperaba sobre el bien colectivo, para terminar creando intereses antagónicos; cuestionaba cuál era la utilidad de tener una iglesia en cada esquina; transmitía la rabia que le generaba la desigualdad existente: desde su salón de clases, el vecino, hasta el trabajador y el patrón. Fue en este desarrollo intelectual y moral, que sin buscarlo, tendría una segundad oportunidad para tener de nuevo un contacto, el primero de verdad. Julián ya nunca sería el mismo después de enterarse que The Clash y Joe Strummer lo comprendían de modo casi misterioso. Se sorprendió cuando se dio cuenta que esa banda de rock, que en un principio le era totalmente ajena, tenía mucho de él.

II
Caudillo del punk rock

-Lo que diferenció a Joe Strummer de los otros, fue que tuvo la capacidad de transformar toda su rabia que sentía en ideas. De no ser así, hubiera quedado muerto como muchos de sus contemporáneos.

-Concuerdo contigo, Julián. Joe era un tipo mucho más comprometido que sus compañeros músicos de generación. No quiero decir que Mick, Paul o Topper no lo hayan sido, pero Joe era un personaje más directo.

-Basta con escuchar Sandinista para darte cuenta de lo politizado que era ya en ese momento The Clash. Y con esto me refiero a un sentido político que abarcaba cualquier lucha socialista: Sandino en Nicaragua, Allende en Chile, Fidel en Cuba, los republicanos en la guerra civil española y así nos podemos seguir.

-En cierto modo Joe era un revolucionario. Alguna vez dijo algo así: “De repente éramos cuatro tipos con guitarras queriendo cambiar el mundo”.

-O por lo menos, hacer de él, uno menos deprimente.

-Algo que le pesó y lo persiguió por todos los años de su vida fue la presión. ¿Me entiendes, Julián? Presión mediática, porque Joe y los Clash eran estrellas a nivel mundial.

-Se le señaló de todo. El día que The Clash firmó con la disquera CBS  los convirtieron en vendidos y el día que experimentaron musicalmente les quitaron la categoría de punk.

-Bueno, pero efectivamente en ejecución musical ya no tenían nada de punk.

-Justo en lo que mencionas creo que se encuentra un grave error. El punk es una actitud, sí, aunque suene clicheado. Es la máxima representación del sentimiento libertario. Más allá de tocar a tres acordes, el punk es tu actitud frente al mundo, a tu forma y manera. Los Clash fueron tan punks que se dieron el lujo de firmar y desechar contratos, fueron extremadamente punks que se permitieron abordar otros géneros musicales. Por lo demás, me quedo con la sencilla pero contundente explicación de Strummer: “Ahora resulta que existen policías punks que nos dicen cómo tenemos que hacer las cosas”.

-Tal vez en eso que mencionas radica lo bien que le acomodó su estancia en España. Se encontró en un lugar, donde además de que le obsesionaba, podía liberarse de sí mismo y mandar al carajo las presiones.

- Y que a pesar de su alejamiento, Strummer nunca claudicó respecto a sus ideas. Era un artista en toda la extensión de la palabra, y como tal, jamás dejó de crear.

-Se vio reflejado su crecimiento en todos los sentidos en la parte final de su vida. Por lo que cuentan, Joe se volvió una persona con un sentido de sensibilidad que sorprendía a los que lo conocían de cerca.

- Sí, pero un mal día se fue y dejó desahuciado al mundo.

- ¿Y ahora qué nos queda, Julián?

- Un terrible silencio, como el que tú y yo experimentamos cada vez que nos vemos obligados a dejar de conversar.


III
Una plaza en Granada

Corre vídeo en el televisor. Programa: La 2 noticias. 20 de Mayo, 2013.

Joe Strummer ya tiene su plaza en Granada. El mítico líder de The Clash fue un enamorado de Andalucía, donde pasó largas temporadas huyendo de la fama y de los problemas de Londres. La memoria de aquellos días ha quedado ahora grabada en el callejero de la ciudad granadiense.

En el cruce de la cuesta del Escoriaza  y la calle Vistillas de los Ángeles, está desde hoy la plaza “Joe Strummer”. El barrio del realejo, en Granada, entra ahora en el mapa del punk rock y se convierte en un lugar de peregrinación obligada para todos los seguidores del que fuera líder de The Clash.

Han venido colegas y familiares, entre ellos su viuda, su primera mujer, dos de las hijas del creador de himnos como este que ha sonado hoy: I fougth the law. Esta plaza de Granada da fe de que Strummer dejó huella en España.

Julián no necesitó ver ni escuchar algo más. Apagó el televisor y en su cabeza sonaba una sola frase: Tengo que ir a Granada.

IV
La salida

Difícil saber cuál era la razón. ¿Qué era eso tan fuerte que movía a Julián y que lo sostenía con la idea fija e irrompible? ¿Cuánto había tenido que pasar para decidir que eso era algo sumamente importante al grado de que en su vida no se lo perdonaría o estaría incompleta si no lo hiciera? ¿Hasta dónde es capaz que algo tan aparentemente lejano te ponga los pelos de punta? Porque en la vida encontramos cosas y momentos que están destinados a tocarnos el alma y el efecto consecuente es no volver a ser los mismos por el resto de nuestras vidas. Julián lo sentía tan cerca y tan propio, como si fuera una responsabilidad que tenía asignada. Y a este paso no era posible pensar en las consecuencias o el peligro; nada cabía en su mente, mucho menos las especulaciones. Tampoco era claro el objetivo, pero hay acciones que deben ser llevadas a cabo bajo los efectos del “hazlo tú mismo”. ¿Cuánto había tenido que dejar a lo largo de un año para estar tan cerca? Pero el sacrificio es una bocanada de aire fresco cuando te lleva al sitio donde te imaginaste días atrás. Julián se iba perder. Aunque él ya vivía en un mundo extraviado, un lugar que estaba fuera de sí y que ardía por encima de cualquiera. Quizás Julián buscaba un encuentro. Un sitio donde pudiera verse a sí mismo  y experimentar los sentimientos más nobles que esconden las personas en sus corazas de cristal. Podían señalarlo de esquizofrénico, desadaptado o podían aplaudirle y adularlo; pero lo de él era más serio, nada tenía que ver con los demás, ni con él mismo. Tal vez había ciento de razones o quizás una sola por el que Julián estaba a punto de partir, de igual forma no se podía explicar porque simplemente no era posible. Hay cosas que no tienen solución y otras que no tienen razón de ser. Lo de Julián era una especie de compromiso místico y una forma de decir “gracias”. Eran minutos lo que lo distanciaban de un sueño, ilusión, obsesión… o váyase a saber cómo se le puede nombrar. Estaba a punto de abordar un avión porque tenía/debía ir a Granada. Corría el riesgo de que las cosas no fueran como las esperaba, pero Rudie Can`t Fail.

V
El duro camino hacia Granada

Le fue imposible conciliar el sueño. En diez horas de vuelo hacia Madrid no pudo cerrar los párpados por más de media hora. No solamente se trataba de que nunca hubiera estado a bordo de un avión, o de la emoción que le provocaba imaginar cómo sería su llegada a la plaza de Joe Strummer. Julián comenzaba a asimilar la aventura en la que se había inmiscuido y también le saltaban a la mente las primeras preocupaciones. ¿Cómo carajo iba hacer para llegar a Granada? En su maleta tenía pocos cambios de ropa, los documentos en forma, el boleto de regreso, la discografía de The Clash y muy poco, casi nada de dinero; en su espalda cargaba su guitarra y era lo que más procuraba a todo momento. Lo más sencillo hubiera sido dirigirse a la estación del sur y abordar el primer colectivo hacia Granada, pero los recursos no daban para tanta comodidad. Julián contaba con lo necesario para comer unos cuantos días y para comprar una cerveza en el bar de Jo antes de llegar a su última parada. A sus puertas tenía Madrid y eso lo confundió en demasía. No sabía si preguntar directamente el camino hacia Granada, qué colectivo público tomar, a qué carretera se debía dirigir; o también tenía la opción de hacer caso al llamado de su estómago y colocarse en el primer local de comida, para posteriormente buscar un lugar donde dormir-esto evidentemente no iba a ser un hotel de cinco estrellas-. Pero no hizo ni lo uno ni lo otro. 

Caminó por las calles sin preguntar nada y casi sin mirar a las personas. No era miedo ni tampoco desconfianza, pasaba que su mente se encontraba trabajando a una velocidad poco común que le era difícil concentrarse en un solo pensamiento. Cuando por fin pudo aclarar sus ideas, Julián se dio cuenta que la noche ya se había adueñado de las calles de Madrid. Sintió un poco de temor, pero es bien sabido que algunas mentes funcionan mejor bajo presión. 

Preguntó a diferentes personas por algún hostal económico, pero todos le sugirieron lugares distintos y no fue hasta que llegó a Casa Chueca Hostal que definitivamente se convenció. El servicio de habitación era barato y además incluía una cena de bienvenida. En ocasiones la presión necesita acompañarse de la fortuna. Ese día lo aprendió Julián.

***

Despertó temprano porque necesitaba que su mente comenzara a trabajar. El gasto del hostal lo obligaba a accionar lo más rápido posible. Sin mucho protocolo agradeció a los encargados del lugar y se introdujo de nuevo a las calles de Madrid. Recorrió distintos caminos tratando de encontrar el lugar ideal y cuando eligió una avenida, se paró en la esquina y sin más sacó su guitarra. Tocó a lo largo de una hora por monedas y de vez en cuando algún billete. Evidentemente repasó los clásicos de The Clash: Jimmy Jazz, London Calling, Rock The Casbah, Stay Free, Tommy Gun, Should I Stay Or Should I Go, Police On My Back, Radio Capital y cerró con Career Opportunities. Juntó lo suficiente para comer y le sobró lo necesario para sobrevivir en su trayecto. Comió ligeramente porque las ansias no le permitían abrirse del todo el apetito, hay que decir que desde que salió de casa los niveles de emoción no habían disminuido en ningún momento. Cruzó media ciudad para llegar hacia la salida donde supuestamente podría comenzar el viaje final a Granada. Estuvo esperando casi todo el día para que alguien se compadeciera a subirlo y acercarlo a su destino.

El sol de a poco se iba ocultando y el frío avisaba que era cuestión de minutos para que la noche se presentara por todo Madrid. Afortunadamente para Julián, una furgoneta paró dispuesto a llevarlo. Julián, que ni siquiera había pensado en una opción B, ascendió rápidamente con una desesperación inusual en él. Contrario a lo que se podía pensar, las miradas de ambos fueron de confianza y de una camaradería a primera vista.
***

El conductor era un tipo robusto, de aspecto veterano y aparentaba unos 60 años, aunque él había dado 50 como su edad oficial. Se dedicaba al transporte de paquetería, vivía con su mujer y tres hijos, los cuales ya casi nunca veía. “Prácticamente mi casa es la carretera”, le había dicho a Julián con una risa llena de lástima. Era uno de esos sujetos que viven en piloto automático y que difícilmente la vida los llega a sorprender. Tantas decepciones habían hecho de Don Fernando una máquina que creía que el único objetivo de la vida era el de trabajar. Se dirigía ahora a Andalucía, exactamente a Almería, donde antes del amanecer deberían estar los paquetes solicitados desde hace una semana.

-En este trabajo está prohibido parar a dormir- dijo a Julián y éste no supo si lo hizo por hacer conversación o como una advertencia de que no le permitiría conciliar el sueño por el resto de la noche.

-Sí, me imagino- respondió Julián tímidamente.

-¿A qué vienes a España?- preguntó Don Fernando con un tono misterioso.

-Mmm…de turista- mintió Julián, que era bastante reservado al momento de hablar de lo que consideraba importante.

-¿De turista y sin dinero?- preguntó Don Fernando con una expresión que dejaba en claro que no le creía absolutamente nada.

Julián se mantuvo en silencio y Don Fernando no hizo por indagar más en el tema, pero desde ese momento lo que había sido una confianza inicial se transformó radicalmente en una inseguridad y temor mutuo que en realidad no tenía razón de ser.

Charlaron por horas de asuntos sin trascendencia. Julián le contó sobre su país, de la comida tradicional y le enseñó algunas groserías típicas; Don Fernando utilizó la mayor parte del tiempo para desahogar sus quejas de la crisis en que se vivía por todo España y a la vez le daba a conocer sus propuestas como alternativas de una pronta solución. Éstas no eran del todo civilizadas y legales, pues pretendía prenderles fuego a banqueros, políticos y reyes; Julián pensaba en sus adentros que no podían ser medidas de solución, pero al menos un sector de la sociedad saciaría su ira.

A medida que pasó la noche y viendo ya de cerca el amanecer, ambos se habían dado cuenta que cada uno ya contaba con su respectivo plan, la incertidumbre era saber en qué momento y bajo qué circunstancias se atreverían a accionarlo. Esta desconfianza nacida por una falta de sinceridad de uno y duda del otro, provocó un ambiente tenso que hizo azaroso el camino.

-Pues bueno, esta es en la entrada de Almería y hasta aquí te puedo dejar- dijo Don Fernando mientras orillaba la furgoneta.

-Ha sido de gran ayuda, le agradezco infinitamente- respondió Julián con confianza al pensar que esa tensión había sido producto de su imaginación.

Justo cuando Julián desertó de toda precaución y se disponía a bajar de la furgoneta, Don Fernando tomó su mochila y la jaloneó hacia él. Julián, que se vio sorprendido, intentó desesperadamente retenerla pero era demasiado tarde, Don Fernando con una patada empujó hacia afuera a Julián, quien apenas pudo llevarse consigo su guitarra para quedar postrado en la tierra.

-Te jodo a ti, antes de que tú lo hagas conmigo- gritó por la ventana un iracundo Don Fernando.- En este país ya no se sabe; aquí eres ladrón o robado, no existe término medio- le dijo por último mientras echaba a andar la furgoneta.

Julián había perdido todo el dinero, sus pertenencias y además el boleto de regreso a su país. Tenía solamente su guitarra y por un momento tuvo la tentación de pensar que había sido un error haber viajado hasta acá. Pero antes de procesar tal idea, se percató que estaba a escasas dos horas de Granada y eso le levantó el ánimo al grado de que tuvo el descaro de sonreír.


***

Cómo he llegado hasta aquí. Si contara esta historia creerían que es un invento. Pero qué me importa si todo esto nunca lo sabrá nadie que me conozca, no me interesa. Estoy en Almería y me dirijo a Los Escullos, eso es lo importante ahora. No es mi imaginación. Juro que se nota y se siente que en cada uno de estos rincones estuvo Joe Strummer, en cualquier techo de estas casas estoy seguro que se ondeó su bandera. Supongo que a esta altura pensarán que soy un fan obsesionado y enfermo, tienen todo el derecho de juzgarme así, he dado motivos suficientes para ello. Pero no lo soy, tengan la certeza de que no es así. Amo la música por sobre todas las cosas. La gente debería darle más valor a la música que al dinero. ¡Eso!…el valor. El valor que tienen las piezas musicales, las composiciones, la lírica, la obra en conjunto, eso es…el valor de una idea planteada ante el mundo. No trato de hacerlos entender ni de incitarlos a que hagan lo mismo, solamente mato el tiempo mientras camino. A cada paso una canción. El tiempo es tan relativo. Piensen que alguna de estas personas seguramente mantiene tan vivo el recuerdo de Strummer, que bien podría pasar todo el invierno hablando sobre ello al respecto y yo podría escuchar atento cada anécdota, pero al hacerlo, fallaría en mi objetivo principal. Es 21 de diciembre y estoy a un día de llegar. Sé que en estos momentos más de alguno pensará o me propondrá solucionar el asunto del robo. Entiendo que no tengo documentación, pasaje ni dinero. Soy consciente que soy el sujeto más desarmado de toda España. Pero de verdad, sólo tengo un día. Les pido que olviden lo que dije sobre la relatividad del tiempo. Creo que la cuestión del robo me ha dado confianza. Suficiente era mi preocupación por sobrevivir, que el asunto de cuidar una mochila me estaba matando. Ahora no tengo nada que perder…no, mi guitarra es tan vieja que sería un estorbo para cualquiera. ¿Hambre? ¿Se han dado cuenta que el cerebro es tan generoso que en ocasiones mata la necesidad cuando no hay cómo satisfacerla? Claro que el efecto dura un día, a lo mucho dos. Pero yo no necesito más tiempo que el día de mañana, así que puedo estar tranquilo. Tengo que confesar que lamento haber perdido en el robo todos mis discos de The Clash; sin embargo, la realidad es que la música es de las cosas que perdurará por toda la eternidad y ya habrá manera de recuperarlos. Sí, lo sé, ya resucité la teoría de la relatividad del tiempo. Almería me da buena espina, creo entender por qué le gustaba a Joe. Si mis instintos no me fallan, puedo dar por hecho que no estoy tan lejos del paraje encajado entre el mar y la sierra de Cabo de Gata. Quizás ocupe un último trayecto sobre ruedas para llegar a donde se vea ondeando, en lo más alto, la bandera pirata. En ese momento sabré que he llegado a mi penúltima parada.

***

Hay bares que se convierten en guaridas. Algunas personas tienen la fortuna de encontrar la suya, otros pasan de bar en bar por el resto de su vida sin que ninguno les acomode y unos más la tuvieron de frente y no se dieron cuenta a tiempo. Curioso resulta que para Strummer el bar de sus sueños lo haya encontrado en un camino prácticamente desierto. El bar de Jo bien podría ser la guarida de Julián, tenía todas las características para ello: un lugar donde todo el día sonara el rock y el blues sería perfecto para él. Podría quedarse toda su vida ahí e inclusive trabajar sin paga con tal de no marcharse nunca más; pero no lo iba hacer, el bar de Jo era para él un lugar mítico que merecía visitarse sólo una vez en la vida. Era el lugar de Strummer y ese respeto afectivo lo manifestó Julián durante su corta estancia en el bar. Su sentir era el de un visitante privilegiado a un museo casi inaccesible para el mundo. Miró cada detalle tratando de imaginar qué conversaciones se producían en aquellas madrugadas, pensó en los bohemios recitales que se improvisaron debajo de las palmeras y sin dudarlo le hubiera gustado mucho haber estado aunque fuera solamente una noche observando a lo lejos todas esas situaciones. También pudo haber preguntado a Jo cómo eran las noches con Strummer, pero prefirió mantener la versión de su imaginación que le parecía ideal y perfecta.

-¡Eh!, ¿vas a beber algo?- se escuchó a la distancia la pregunta que provenía de una voz ronca y potente. Era Jo que desde un principio no le había perdido la vista a Julián.

-Quisiera beber algo, pero no tengo ni una sola moneda en el bolsillo- contestó con la intención de que su comentario fuera agradable y cayera en gracia.

Pero Jo no sonrió ni pretendió parecer educado, situación que incomodó a Julián y terminó sonrojándolo sin poder evitarlo. Jo fue a la parte trasera de la barra y regresó con una cerveza.

-¡Bebe!… te hará bien.- Ordenó mientras le acercaba la cerveza.

-Pero…

-Pregunté si querías beber algo, no cuántas monedas llevabas en el bolsillo- interrumpió Jo con un tono que no daba permiso a ninguna objeción.

-¡Gracias!- se limitó a decir Julián quien se sonrojó aún más.

-Deberías apresurarte si quieres llegar mañana a tiempo a Granada. El camino suele complicarse por estas fechas- le dijo Jo mientras se alejaba para llamar a alguno de sus empleados.

Julián bebió la cerveza lentamente, disfrutó cada sorbo mientras a la par pensaba en lo acertado que fue Strummer al haber elegido el bar de Jo como su guarida.
***

22 de diciembre del 2002. Periódico El País.

Joe Strummer, líder del influyente grupo británico The Clash, murió este día en su residencia campestre de Somerset, al oeste de Londres. Tenía 50 años y acababa de concluir una gira por Gran Bretaña con su última formación, The Mescaleros, con los que renovó su combativo espíritu artístico.

Compositor, cantante y guitarrista, Joe Strummer dio estilo y contenido político-revolucionario al movimiento punk. Canciones como London Calling, Washintong Bullets o Guns of Brixton, entre las cerca del centenar que compuso en menos de diez años, son genuinos gritos de guerra de un artista que quiso alterar el curso de la historia.

Con letras directas y un sonido punk, The Clash arremetió contra el racismo, el imperialismo estadounidense y secundaron las causas de la izquierda política.

VI
Última parada

Jo no mintió. El camino hacia Granada fue complicado y lento. Julián recorrió largos tramos antes de ser abordado por conductores en diferentes ocasiones. Como si fuera algo lógico, todos le preguntaron si se dirigía a la plaza de Strummer, a lo que Julián afirmó todas las veces con emoción inocultable. Era 22 de diciembre y se cumplía un aniversario luctuoso más de Joe Strummer, pero lejos de tener sensaciones lúgubres, Julián experimentaba una nostalgia agradable. Por supuesto que tenía la satisfacción de estar cumpliendo con la promesa que diseñó en su mente desde hace un año, pero además, su sentir era el de un familiar cercano, era como si hubiera sido camarada de toda la vida de Strummer. En su soliloquio trataba de responderse qué era Joe Strummer y los Clash en realidad para él.

Podría ser una pasión, pero esa pasión la tengo en general por la música, ¿entonces por qué tengo una preferencia especial por The Clash? También cabría decir que es un deseo de ser o hacer algo similar, pero la vedad es que no pienso dedicarme a la música, hay unos que tienen el talento de hacerla y otros que nos limitamos al exclusivo gozo de escuchar… ¡Vaya forma de comunicación! Lo más sensato que se me ocurre en este momento es entender que la gente necesita soportes en su vida. La música me ha salvado en diferentes ocasiones, ha estado conmigo cuando me he sentido solo. Y esto que vengo hacer es la única forma que encontré para agradecerle, para decirle que sin ella mi vida sería tan normal e intrascendente. Es la manera en que trato de decirle que con The Clash descubrí mi mejor guarida.

El ir y venir de la gente en la plaza era constante. Julián no quiso acercarse porque esperaría hasta el último momento para ponerse frente a frente sin que nadie más estuviera en el lugar. Pasó el tiempo mirando cómo los punks se tomaban fotos, bebían cerveza y cantaban a coro canciones de The Clash. También llegaron a la plaza hombres y mujeres más viejos, -que seguramente fueron amigos de Strummer-, quienes depositaron flores y charlaron entre sí por algunos minutos. La prensa hacía reportajes y entrevistas para luego marcharse sin mayor escándalo. Julián procuraba observar todo a detalle para dejarlo registrado en su retina y no olvidarlo nunca más. El tiempo no fue una tortura, al contrario, disfrutó cada minuto mirando el cariño y todo lo que movía en Granada una persona. Pensó que hubiera sido un acto de justicia que Strummer pudiera ver todo esto, pero se consoló sabiendo que Joe es de esas personas que nunca mueren.

Tuvo tiempo de meditar cuál debía ser su función en este mundo a partir de ese momento. Más allá de las condiciones similares que pudiera tener con el resto, Julián creía que tenía la responsabilidad de ser un tipo honesto en cualquier acción de la vida; libre en espíritu y en colectivo; justo con todos para procurar una igualdad. En resumidas palabras, trataría de rendirle un tributo mayor a Joe Strummer labrando el camino que éste dejó incompleto: el que lleva a la humanidad.

Cuando la plaza por fin se vació en su totalidad, se aproximaba la medianoche y el único sonido que se percibía era el de la soledad. Julián entró a la plaza y lo hizo lentamente. Aunque la luz era escasa, pudo apreciar el mural de Joe y los múltiples mensajes que le dejaban sus admiradores a su paso por Granada. Se sentó y se recargó en un árbol, justo enfrente de la placa en que se leía “Placeta Joe Strummer”, y ahí estuvo un largo rato en silencio. En realidad no pensaba nada, se dedicaba a sentir cada minuto. No sabía cómo regresaría a su país, pero lo que estaba viviendo, de la memoria nunca nadie se lo iba poder arrebatar. Motivado por las sensaciones, Julián sacó de la funda su guitarra. Y así, sin pensarlo, comenzó a rasgar las cuerdas. En medio de la noche, de ese 22 de diciembre, por las calles de Granada se escuchó a Julián cantar:

 Spanish bombs rock the province
I'm hearing music from another time
Spanish bombs on the Costa Brava
I'm flying in on a DC- 10 tonight
Spanish bombs, yo te quiero infinito
Yo te quiero, ¡oh mi corazón!
Spanish songs in Andalucía, mandolina, ¡oh mi corazón!
Spanish songs in Granada… ¡Oh my corazón!